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Cuando hablamos de la práctica del kindfulness logramos enfocar la belleza como experiencia vital, el rostro expresa en qué medida has experimentado plenitud en todos los aspectos de la vida (luchas y batallas). Kindfulness es una disciplina que nos ayuda a desarrollar la conciencia de bondad.

Esta belleza sentida tiene el paso del tiempo a su favor, y es la que te convierte en un imán atractivo a todas las personas, no solamente por interés romántico, sino la que te hace sentir que eres el amor de su vida. Comprender la profundidad de la belleza genera bienestar en nosotros y en nuestro entorno.

El sistema nervioso central termina su maduración cuando el recién nacido recibe el amor materno con abrazos y caricias, por eso me gusta decir que el amor es el primer salvoconducto para la vida porque sin amor no podemos vivir. El amor entra por la piel y le da vida.

La piel y el tono muscular se acoplan a la ira, la auto exigencia, la angustia, y estas emociones se marcan con arrugas que forman un mapa desagradable y alejado de la belleza auténtica. La repetida sucesión del mismo gesto facial moldea el rostro, independientemente de cuál sea la crema que usemos o la rutina de cuidado.

Una cara bonita tiene su origen en el equilibrio emocional y la paz interna, cuando el sistema nervioso no está en equilibrio los gestos no tienen armonía y esto hace que independientemente de las cremas y las rutinas de cuidado no podamos experimentar belleza.

No existe otra fuente de armonía que no sea fruto de la conciencia amable y amorosa, lo he observado en culturas diferentes y en formas de vida con visiones de belleza muy distintas a la occidental y el denominador común es el mismo: la actitud amable es la característica universal de la belleza.

La bondad, la compasión y la humildad son el mejor antídoto al envejecimiento, y el antioxidante más poderoso, en el libro “amor incondicional” su autor nos dice que la práctica de la bondad se puede lograr con entrenamiento, por ejemplo, a través de la meditación, del yoga, entre otras disciplinas.

La mejor rutina de belleza es abrazar con amor todo nuestro ser tal como es. Esta es una forma de sentir y amar mi piel con todas sus imperfecciones, y lo mejor es que estamos dotados de forma natural de una infinita capacidad para hacerlo.

Me pareció una idea muy linda la que compartió una mujer muy bella, instructora de yoga; ella dice que cuando te aplicas la crema en tu rostro o en tu cuerpo lo hagas repitiendo las palabras: “Yo me amo y me acepto como soy”. Es muy importante la satisfacción contigo misma, con tu cuerpo y con tu ser.

Si en nuestra rutina de cuidados están presentes las cremas adecuadas y la afabilidad, la conectividad, la empatía y la compasión, la piel y el rostro expresarán su máxima belleza.

Como conclusión quiero decirles que, así como las emociones se contagian, la belleza también es contagiosa y la bondad tiene una onda expansiva muy poderosa.

Los dejo con una frase construida a través de todos estos años de pasión por mi trabajo.

“El rostro expresa belleza cuando tu ser experimenta bondad”